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La integración social y laboral de los discapacitados, por Juan Manuel González Serna
Naciones Unidas, en la Declaración de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, plantea que los problemas mundiales son la pobreza, el desempleo y la desintegración social. La integración social es un objetivo prioritario de todos los gobiernos, que pasa por construir una sociedad para todos los ciudadanos y donde puedan desarrollarse desempeñando un papel activo.

En nuestra sociedad, las personas discapacitadas corren el riego de exclusión social al tener una gran dificultad para encontrar un trabajo. En el pasado se favorecían medidas asistenciales para este colectivo, que se han visto superadas, en la actualidad, por nuevas políticas para fomentar su participación activa en la sociedad y su inserción en el mundo laboral.

En España viven más de dos millones de personas con alguna discapacidad física, psíquica o sensorial, de las cuales un millón se encuentra, en la actualidad, en edad laboral, pero sólo un 12% ha conseguido encontrar trabajo.

Los empresarios somos responsables, en gran parte, de favorecer la integración de los discapacitados en el mundo laboral, poniendo en marcha iniciativas que permitan a aquellas personas que no ven en su discapacidad una incapacidad para trabajar, crecer como personas y desarrollar su faceta laboral.

La integración laboral de los discapacitados pasa por dos puntos. Por un lado se necesita el esfuerzo del discapacitado, que esté dispuesto a asumir el reto y la responsabilidad de integrarse en el mundo del trabajo. Por otro lado, es necesaria una actitud favorable de los empresarios y un apoyo de las administraciones.

Si bien, cada vez existe una mayor sensibilidad entre los empresarios hacia la contratación de personas discapacitadas y la creación de centros especiales de empleo, todavía hay un gran desconocimiento de este colectivo y de cómo trabajan.

Los primeros centros especiales de empleo, aquellos en los que le 80% de sus empleados tienen alguna discapacidad, surgieron a iniciativa de padres de discapacitados. Hoy en día muchos de ellos son empresas perfectamente rentables, que ofrecen unos productos competitivos a un mercado cada vez más exigente.

En el Grupo Siro, dos de nuestras plantas de producción tienen la calificación de centros especiales de empleo y emplean a casi 200 discapacitados psíquicos, físicos o sensoriales de Castilla y León.

Hace seis años firmamos un acuerdo de colaboración con Fundosa, la fundación de la ONCE, para la puesta en marcha de una fábrica de patatas fritas diseñada expresamente para poder ser utilizada por personal discapacitado, sin ninguna barrera arquitectónica y con la adaptación de los puestos de trabajo a determinadas discapacidades de las personas.

No debemos olvidar, que a la hora de poner en marcha un centro especial de empleo o contratar a personas discapacitadas, hay que afrontarlo desde el punto de vista profesional y hacerlo rentable. Además es necesario contar con el asesoramiento y colaboración de alguna fundación o institución que trate habitualmente con discapacitados. En ningún caso, la inversión necesaria para la puesta en marcha de un centro de este tipo, supera en un 10% comparado con un centro normal.

La selección del personal es un paso muy importante, en el que hay que centrarse en detectar actitudes, más que en valorar aptitudes. Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones es la primera vez que trabajan, por lo que sienten una motivación especial hacia el desempeño de sus tareas y un afán de superación. Estas personas pasan de recibir una pensión y ser dependientes de sus familias, a percibir un salario digno por el trabajo que desempeñan; lo que supone una motivación extra.

La formación es algo esencial, puesto que no hay que enseñarles únicamente a realizar su trabajo, sino también formarles en aspectos personales como la responsabilidad, la seguridad en sí mismos, la autoconfianza y de trabajo en equipo: espíritu cooperativo, relación con superiores y compañeros. En este punto es fundamental contar con la colaboración de una fundación o asociación acostumbrada a trabajar con este tipo de colectivo. Esta sólida formación, en ocasiones superior a la del resto, permite que sean los trabajadores con más preparación.

También es necesario formar a los superiores y compañeros de estas personas, para que conozcan su realidad y sean capaz de motivarles en todo momento, consiguiendo que se superen a sí mismos día tras día.

Una vez incorporados a la empresa, a estos trabajadores hay que exigirles como a cualquier otro, para no incurrir en un paternalismo y sobreprotección innecesarios, principalmente porque los propios trabajadores se sentirían mal si no se les tratara como a los demás.

Sin duda, es una buena experiencia interna, que crea una cultura corporativa fuerte y un vínculo especial, ya que requiere del esfuerzo y ayuda de todos, puesto que unos deben dedicar parte de su tiempo a enseñar a sus compañeros y otros deben mostrar su interés y entusiasmo para crecer.

La integración de las empresas en la sociedad pasa por la integración de la sociedad en las empresas, y la contratación de personas discapacitadas es un paso fundamental para conseguir este objetivo. Los empresarios, con el apoyo de las administraciones, debemos contribuir al desarrollo de las regiones en las que estamos presentes; no sólo a través de mecenazgos o proyectos concretos, sino haciendo de este desarrollo uno de nuestros objetivos empresariales.

 
Expansión - 21/11/2002
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