|
Naciones Unidas, en la Declaración de la
Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, plantea
que los problemas mundiales son la pobreza, el desempleo
y la desintegración social. La integración
social es un objetivo prioritario de todos los gobiernos,
que pasa por construir una sociedad para todos los
ciudadanos y donde puedan desarrollarse desempeñando
un papel activo.
En nuestra sociedad, las personas discapacitadas
corren el riego de exclusión social al
tener una gran dificultad para encontrar un trabajo.
En el pasado se favorecían medidas asistenciales
para este colectivo, que se han visto superadas,
en la actualidad, por nuevas políticas
para fomentar su participación activa en
la sociedad y su inserción en el mundo
laboral.
En España viven más de dos millones
de personas con alguna discapacidad física,
psíquica o sensorial, de las cuales un
millón se encuentra, en la actualidad,
en edad laboral, pero sólo un 12% ha conseguido
encontrar trabajo.
Los empresarios somos responsables, en gran parte,
de favorecer la integración de los discapacitados
en el mundo laboral, poniendo en marcha iniciativas
que permitan a aquellas personas que no ven en
su discapacidad una incapacidad para trabajar,
crecer como personas y desarrollar su faceta laboral.
La integración laboral de los discapacitados
pasa por dos puntos. Por un lado se necesita el
esfuerzo del discapacitado, que esté dispuesto
a asumir el reto y la responsabilidad de integrarse
en el mundo del trabajo. Por otro lado, es necesaria
una actitud favorable de los empresarios y un
apoyo de las administraciones.
Si bien, cada vez existe una mayor sensibilidad
entre los empresarios hacia la contratación
de personas discapacitadas y la creación
de centros especiales de empleo, todavía
hay un gran desconocimiento de este colectivo
y de cómo trabajan.
Los primeros centros especiales de empleo, aquellos
en los que le 80% de sus empleados tienen alguna
discapacidad, surgieron a iniciativa de padres
de discapacitados. Hoy en día muchos de
ellos son empresas perfectamente rentables, que
ofrecen unos productos competitivos a un mercado
cada vez más exigente.
En el Grupo Siro, dos de nuestras plantas de
producción tienen la calificación
de centros especiales de empleo y emplean a casi
200 discapacitados psíquicos, físicos
o sensoriales de Castilla y León.
Hace seis años firmamos un acuerdo de
colaboración con Fundosa, la fundación
de la ONCE, para la puesta en marcha de una fábrica
de patatas fritas diseñada expresamente
para poder ser utilizada por personal discapacitado,
sin ninguna barrera arquitectónica y con
la adaptación de los puestos de trabajo
a determinadas discapacidades de las personas.
No debemos olvidar, que a la hora de poner en
marcha un centro especial de empleo o contratar
a personas discapacitadas, hay que afrontarlo
desde el punto de vista profesional y hacerlo
rentable. Además es necesario contar con
el asesoramiento y colaboración de alguna
fundación o institución que trate
habitualmente con discapacitados. En ningún
caso, la inversión necesaria para la puesta
en marcha de un centro de este tipo, supera en
un 10% comparado con un centro normal.
La selección del personal es un paso muy
importante, en el que hay que centrarse en detectar
actitudes, más que en valorar aptitudes.
Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones
es la primera vez que trabajan, por lo que sienten
una motivación especial hacia el desempeño
de sus tareas y un afán de superación.
Estas personas pasan de recibir una pensión
y ser dependientes de sus familias, a percibir
un salario digno por el trabajo que desempeñan;
lo que supone una motivación extra.
La formación es algo esencial, puesto
que no hay que enseñarles únicamente
a realizar su trabajo, sino también formarles
en aspectos personales como la responsabilidad,
la seguridad en sí mismos, la autoconfianza
y de trabajo en equipo: espíritu cooperativo,
relación con superiores y compañeros.
En este punto es fundamental contar con la colaboración
de una fundación o asociación acostumbrada
a trabajar con este tipo de colectivo. Esta sólida
formación, en ocasiones superior a la del
resto, permite que sean los trabajadores con más
preparación.
También es necesario formar a los superiores
y compañeros de estas personas, para que
conozcan su realidad y sean capaz de motivarles
en todo momento, consiguiendo que se superen a
sí mismos día tras día.
Una vez incorporados a la empresa, a estos trabajadores
hay que exigirles como a cualquier otro, para
no incurrir en un paternalismo y sobreprotección
innecesarios, principalmente porque los propios
trabajadores se sentirían mal si no se
les tratara como a los demás.
Sin duda, es una buena experiencia interna, que
crea una cultura corporativa fuerte y un vínculo
especial, ya que requiere del esfuerzo y ayuda
de todos, puesto que unos deben dedicar parte
de su tiempo a enseñar a sus compañeros
y otros deben mostrar su interés y entusiasmo
para crecer.
La integración de las empresas en la sociedad
pasa por la integración de la sociedad
en las empresas, y la contratación de personas
discapacitadas es un paso fundamental para conseguir
este objetivo. Los empresarios, con el apoyo de
las administraciones, debemos contribuir al desarrollo
de las regiones en las que estamos presentes;
no sólo a través de mecenazgos o
proyectos concretos, sino haciendo de este desarrollo
uno de nuestros objetivos empresariales.
|