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Fontaneda y González
De una empresa familiar a otra, de 1881 a 2002, de los Fontaneda a los González. La fábrica de galletas que la familia Fontaneda fundó en la población palentina de Aguilar de Campoo ha terminado en manos de un acérrimo defensor de las empresas familiares, el empresario Juan Manuel González Serna, tras un fulgurante y accidentado paso por las multinacionales. Se cierra así un tránsito que define perfectamente los problemas que asolan a muchas empresas familiares tradicionales y que González Serna conoce bien.

Cuando el presidente del Grupo Siro asuma el próximo 1 de enero de 2003 la propiedad de la fábrica de Aguilar de Campoo no sólo se iniciará una nueva andadura para una industria galletera con más de cien años de historia, sino que también comenzará la gestión de un empresario que cree firmemente en las empresas familiares, y que a la vez sabe de sus ventajas y avatares.

Los descendientes de Eugenio Fontaneda se vieron obligados en 1996 a vender la fábrica galletera a la multinacional Nabisco, confirmando, una vez más, que el paso de sucesivas generaciones no sienta bien a las empresas familiares, que los descendientes se ven obligados a menudo a desprenderse de lo que los abuelos levantaron con acierto y tesón, con frecuencia ayudados por los vientos favorables de la época. El propio González Serna, que ha comprado en los últimos años varias empresas familiares, conoce bien ese ciclo desde los diferentes puestos directivos que ha ocupado en órganos encargados de agrupar a empresas familiares, desde donde ha procurado formación a sus integrantes para evitar ese desmoronamiento de las empresas tradicionales cuando van pasando de padres a hijos y nietos, en donde los cónyuges que se añaden a la familia también juegan un papel importante en la toma de decisiones final.

Ahora, González Serna, y su alter ego, su mujer Lucía Urbán, han comprado la empresa familiar por antonomasia de Palencia: Fontaneda. Y se muestran dispuestos a aplicar criterios modernos de gestión, más allá del simple voluntarismo y el acomodamiento a las rachas con que se han movido en las últimas décadas las empresas familiares. Nos llamamos González y somos insignificantes al lado de las multinacionales, ha señalado en una entrevista Juan Manuel González Serna, lo que es cierto si se compara con los grandes gigantes de la alimentación, aunque Siro ya va teniendo su volumen de negocio. Pero, hoy por hoy, en los albores del siglo XXI, González Serna significa para Aguilar lo mismo que el apellido Fontaneda en el siglo pasado
El Norte de Castilla - 12/11/2002
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